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sábado, 1 de octubre de 2011

Hacer lo que tenemos que hacer



En Noviembre 18 de 1995, el violinista Itzhatk Perlman, subió al escenario para dar un concierto en el salón Avery Fisher del "Lincoln Center" en la ciudad de Nueva York. Si usted alguna vez ha estado en un concierto de Perlman, sabe que subir al escenario no es un logro pequeño para él.

Él fue afligido de polio cuando era niño, tiene abrazaderas en ambas piernas y camina con la ayuda de muletas. Verlo caminar sobre el escenario de un lado al otro, paso a paso, lenta y penosamente, es una escena impresionante. Él camina penosamente pero majestuosamente, hasta que alcanza su silla.

Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el piso, abre los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y extiende el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín, lo pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.

Hasta ahora, la audiencia ya estaba acostumbrada a este ritual. 
Permanecían silenciosamente sentados mientras él caminaba por el escenario hasta su silla. Permanecían respetuosamente en silencio hasta que él estuviera listo para tocar; pero esta vez, algo ocurrió. Justo cuando él terminaba de tocar sus primeras barras, una cuerda de su violín se rompió. Uno podía oír el estallido.
Salió disparada como bala por el salón. No había duda de lo que ese sonido significaba. No había duda de lo que él tendría que hacer.

Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: "Para esta, él va a tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las muletas, y cojear hasta a fuera del escenario para encontrar otro violín u otra cuerda."

Pero no fue así. En su lugar, el espero un momento, cerró sus ojos y después hizo seña al Director para empezar a tocar. La orquesta empezó y él tocaron desde donde había parado. El tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado.

Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Lo sé yo y lo sabe usted, pero esa noche Itzhak Perlman se rehusó a saberlo. Uno podía observar como modulaba, cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. En una instancia, sonaba como que él estuviera desentonando las cuerdas para obtener sonidos que estas ellas habían hecho.

Cuando él termina, había un silencio impresionante en el salón. Después la gente se levanto y lo aclamó. Había una explosión de aplausos desde cada rincón del auditorio. Todos estábamos de pie, gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para mostrar cuanto apreciábamos lo que él había hecho.

Él sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para callarnos, y después dijo, no presumidamente, pero en un tono tranquilo, pensativo, y reverente:

"Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es la de averiguar cuanta música podemos producir con lo que nos queda."

Qué renglón tan poderoso. Se ha quedado en mi mente desde que lo oí. ¿Y quien sabe? Tal vez esa sea la definición de la vida, no sólo para los artistas pero para todos nosotros. He aquí un hombre que se ha preparado por toda su vida para producir música con un violín de cuatro cuerdas, quien, se encuentra de repente en medio de un concierto con solo tres cuerdas; y entonces produce música con tres cuerdas, y la música que él produjo esa noche con sólo tres cuerdas era más bonita y más memorable, que cualquier otra que él haya producido con cuatro cuerdas.

Entonces, tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, cambiante, y perplejo en el que vivimos es la de producir música, primero con lo que tenemos, y después, cuando esto ya no sea posible, producir música con lo que nos queda.


sábado, 17 de septiembre de 2011

El hijo más sagaz



Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamo a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres los que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre mas hábil, mas inteligente, mas astuto, mas sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedara con todo.

Se fueron.

El primer hijo compró paja, pero solo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa mucho mas que el anterior.

El tercer hijo -que consiguió la herencia- solo compro un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.


jueves, 15 de septiembre de 2011

El hombre y el mundo




Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.

Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recorto el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie". 

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente."Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.

"Al principio el padre no creyó en el niño.

Pensó que sería imposible que, a su edad haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo.

Todos los pedazos habian sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posbile? ¿Cómo el niño había sido capaz?- 

Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?- 

Papá, yo no sabía com era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.


miércoles, 6 de abril de 2011

¿Y tu que harías?



Cuentan que, en la Edad Media , un hombre fue injustamente acusado de asesinar a una mujer. 

En realidad, el verdadero autor era una persona  influyente y por eso buscaron a un "chivo expiatorio" para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio,  conociendo que tendría  poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡LA HORCA!

El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y  le dijo al acusado:

- "Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino. 
Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente.  Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino"

Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda:
                          "CULPABLE"


Y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa.

No había escapatoria.


 El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

¿Qué piensas que hizo?


¿Tú que harías? ¿Intentar huir? ¿Resignarte a ese fatal destino? 
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 No sigas bajando para ver qué hizo él, y piénsalo un momento.
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¿Encontraste una solución?


 Baja ya y mira qué es lo que hizo aquel hombre inteligente

El hombre inspiró profundamente,
 quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, 
y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse,
 abrió los ojos y con una extraña sonrisa, 
escogió y agarró uno de los papeles y,
 Llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.

- "Pero... ¿qué hizo?... ¿Y ahora?... ¿Cómo vamos a saber el veredicto?"

- "Es muy sencillo" respondió el acusado, "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí"

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

*Moraleja: *

Por más difícil que se nos presente una situación, 
nunca dejemos de buscar la salida 
ni de luchar hasta el último momento.

¡¡¡ SÉ CREATIVO!!! 
CUANDO TODO PAREZCA PERDIDO, 
USA LA IMAGINACIÓN.


En los momentos de crisis, 
solo la imaginación es más importante 
que el conocimiento.

Albert Einstein