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martes, 29 de mayo de 2012



Iba yo por un camino, cuando una voz de mujer detrás de mí me dijo:
- ¿Me conoces?

Me volví y le contesté:
- No recuerdo tu nombre.

Ella me dijo:
- Yo soy aquella Tristeza profunda que sufriste hace tiempo.

Sus ojos se parecían a la mañana cuando el rocío está todavía en el aire.

Permanecí en silencio y luego le pregunté:
- ¿Has perdido aquella carga inmensa de lágrimas?

Ella sonrió sin contestarme.
Comprendí que sus lágrimas habían tenido tiempo
de aprender el lenguaje de las sonrisas.

Me recordó:
- Una vez aseguraste que conservarías tu tristeza para siempre.

Avergonzado, respondí:
- Es verdad, pero los años han pasado.

Después, con su mano entre las mías, le dije:
- Pero tú también has cambiado.

Entonces, ella me contestó, serena:
- Debes saber que lo que un día fue Tristeza es ahora Paz.

Rabindranath Tagore

martes, 1 de mayo de 2012

Furia y Tristeza



En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la triste.

Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla encontró que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Autor: Jorge Bucay