Mostrando entradas con la etiqueta Desapego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desapego. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de febrero de 2013

MI HIJO ESTÁ CONMIGO




Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa. 

Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio. 

Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta. 

--¿Quién es? -preguntó el padre. 

--Soy tu hijo -contestó el niño. 

--No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto. 

--No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros. 

--Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo. 

--Padre, escúchame; soy yo. 

--¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete! 

Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos. 



El apego, 
¿te deja ver?, 
¿te deja oír?
, ¿te deja comprender? 
El apego te aferra a lo irreal e ilusorio 
y cierra tus oídos 
a lo Real y Trascendente.


jueves, 16 de junio de 2011

La luna no se puede robar





Un Maestro Zen vivía la forma más simple de vida en un pequeña cabaña al pie de una montaña. 

Una noche, mientras estaba fuera, un ladrón entró a hurtadillas a la cabaña sólo para encontrar que no había nada para robar. 

El Maestro Zen volvió y lo encontró. "Has hecho un largo  camino para visitarme", le dijo al extraño, "y no deberías regresar con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas de regalo." 

El ladrón estaba asombrado, pero tomó las ropas y escapó. El Maestro se sentó desnudo, observando la luna. "Pobre hombre", murmuró. "Hubiera querido darle esta hermosa luna."



miércoles, 3 de marzo de 2010

Alejandro Magno

Bonita reflexión de un legado que dejaba Alejandro Magno al fina de la vida. La muerte es el simbolo de algo que tenemos que ir viviendo a lo largo de la vida: libaertad y Desapego.