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martes, 26 de febrero de 2013

LOS ERUDITOS





Iba a celebrarse un congreso sobre la mente al que tenían que asistir un buen número de eruditos especializados en el tema. Para tal fin, un grupo de ellos debía viajar de su ciudad a aquella otra en la que iba a tener lugar el acontecimiento. Para cubrir el trayecto, los eruditos tomaron el tren y consiguieron un compartimiento para ellos solos. Nada más acomodarse en el compartimiento comenzaron a hablar sobre la mente y sus misteriosos mecanismos. El tren se puso en marcha. Todos proporcionaban sus pareceres y llegaron al convencimiento común y compartido de que lo más necesario era cultivar y desarrollar la atención mental. 

--Sí, ya nada hay tan importante como permanecer alerta -declaraba uno de ellos enfáticamente. 

--Se requiere el cultivo metódico de la atención -recalcaba otro. 

--Hay que aplicarse al entrenamiento de la atención; eso es lo esencial -afirmaban algunos. 

Así hablaban y hablaban sin cesar sobre la necesidad de estar atentos, vigilantes y perceptivos; sobre la conveniencia de establecerse en una atención despierta y plena. 

El convoy seguía su monótona marcha. Pero una vía estaba en malas condiciones y descarriló sin que pudiera evitarlo el maquinista. El tren se precipitó por un enorme barranco, dando innumerables vueltas, hasta que al final se detuvo estrellándose en las profundidades del mismo. 

Los eruditos seguían polemizando acaloradamente, insistiendo en la necesidad de elevar al máximo el umbral de la atención, pero ninguno de ellos se había percatado del accidente. Declaraban que había que tener la mente tan atenta que ni el vuelo de una mosca pasara desapercibido. Seguían apasionadamente debatiendo sobre la mente y la atención, con sus cuerpos amontonados unos sobre otros, todos ellos ignorantes del percance. 

No es a través de la palabra ni la polémica 
como un ser humano asciende 
a la cima de la consciencia, 
sino a través de una motivación firme 
y una práctica inquebrantable.


lunes, 25 de febrero de 2013

LA NATURALEZA DE LA MENTE





Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India. Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama. 

El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: “!Mira que si ahora un tigre me atacase!” Apareció un tigre y lo devoró. 

Cambiante y descontrolada 
es la naturaleza de la mente. 
Aplícate a conocerla y dominarla 
y disiparás para siempre 
el peor de los tigres: 
el que mora dentro de ella misma. 


domingo, 24 de febrero de 2013

LAS FANTASÍAS DE UNA ABEJA




Era una abeja llena de alegría y vitalidad. En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche. Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto. Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí: “No importa. Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso. Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices”. 

La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando. 

Entonces se dijo: “!Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso! 

¡Esto es maravilloso! No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo”. Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar: “Éste es mi fin. Me muero”. 


Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. 
Aplícate al instante, 
haz lo mejor que puedas 
en el momento y no divagues.


viernes, 22 de febrero de 2013

LA TORTUGA Y LA ARGOLLA




Era un sabio tan anciano que nadie de la localidad sabía su edad. Él mismo la había olvidado, entre otras razones porque había trascendido todo apego y ambición humana. Estaba un día sentado bajo un enorme árbol banyano, la mirada perdida en el horizonte, la mente quieta como un cielo sin nubes. 

De repente, vio cómo un hombre joven echaba una cuerda sobre la rama de un árbol y ataba uno de sus extremos a su cuello. El sabio se dio cuenta de las intenciones del joven, corrió hacia él y le pidió que desistiese de su propósito aunque sólo fuera un par de minutos para escucharlo. El joven accedió, y ambos se sentaron junto al árbol. El anciano se expresó así: 

--Voy a hacerte un ruego, querido amigo. Imagina una sola tortuga en el inmenso océano y que sólo saca la cabeza a la superficie una vez cada millón de años. Imagina un aro flotando sobre las aguas del inmenso océano. Pues más difícil aún que el que la tortuga introduzca la cabeza en el aro del agua, es haber obtenido la forma humana. Ahora, amigo, procede como creas conveniente. 

Todavía cuenta la gente del lugar que aquel joven llegó a anciano y se hizo sabio. 



Toda forma humana es preciosa, 
porque a través de ella 
podemos alcanzar 
la realización definitiva. 
Habiendo podido tomar tantas formas, 
es una gran fortuna haber tomado la humana.



miércoles, 20 de febrero de 2013

MI HIJO ESTÁ CONMIGO




Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa. 

Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio. 

Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta. 

--¿Quién es? -preguntó el padre. 

--Soy tu hijo -contestó el niño. 

--No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto. 

--No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros. 

--Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo. 

--Padre, escúchame; soy yo. 

--¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete! 

Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos. 



El apego, 
¿te deja ver?, 
¿te deja oír?
, ¿te deja comprender? 
El apego te aferra a lo irreal e ilusorio 
y cierra tus oídos 
a lo Real y Trascendente.


lunes, 18 de febrero de 2013

LOS DOS MÍSTICOS



Se trataba de dos amigos con una gran tendencia hacia la mística. Cada uno de ellos consiguió una parcela de terreno donde poder retirarse a meditar tranquilamente. 

Uno de ellos tuvo la idea de plantar un rosal y tener rosas, pero enseguida rechazó el propósito, pensando que las rosas le originarían apego y terminarían por encadenarlo. 

El otro tuvo la misma idea y plantó el rosal. Transcurrió el tiempo. El rosal floreció, y el hombre que lo poseía disfrutó de las rosas, meditó a través de ellas y así elevó su espíritu y se sintió unificado con la madre naturaleza. Las rosas le ayudaron a crecer interiormente, a despertar su sensibilidad y, sin embargo, nunca se apegó a ellas. 

El amigo empezó a echar de menos el rosal y las hermosas rosas que ya podría tener para deleitar su vista y su olfato. Y así se apegó a las rosas de su mente y, a diferencia de su amigo, creó ataduras. 


A lo que tienes que renunciar es 
al sentido de posesividad y a la ignorancia. 


sábado, 16 de febrero de 2013

EL PARIA SABIO


 
  Shankaracharya iba caminando tranquilamente por una calle. Frente a él venía un paria con un cesto de carne del matadero. El hombre dio un traspiés y chocó con el sabio Shankaracharya, de la casta brahmín, que acababa de bañarse en las aguas de Ganges. Éste se sintió impuro al contacto con el paria, y gritó:
  
--¡Cuidado, me has tocado!

--Señor -repuso el paria-, no te precipites en tus juicios. Ni yo te he tocado ni tú me has tocado. ¿Es que acaso tu verdadero ser es este cuerpo que ha tocado y ha sido tocado? Tú sabes que el yo real no es la mente, ni las emociones, ni mucho menos este cuerpo.

  Shankaracharya se sintió avergonzado. Aquel paria le había dado una gran lección y el suceso sería uno de los más importantes en su existencia para ayudarle a madurar espiritualmente y despertar a la realidad superior.

El Yo real no se implica 
en el cuerpo, la mente o las emociones.



jueves, 14 de febrero de 2013

MÁS ALLÁ DE LAS DIFERENCIAS






Amanecía. Una mujer muy santa se estaba dando un apacible baño totalmente desnuda. De repente, un yogui vino a darle un recado y la sorprendió en su desnudez. Desconcertado y sorprendido, se dio rápidamente media vuelta y se dispuso a alejarse de la mujer, pero ella le reprendió en los siguientes términos: 

--¿Por qué te vuelves? Si me pudieras ver como a las vacas pastando en los campos, también desnuda, no tendrías necesidad de marcharte. Si no te comportas con naturalidad al verme desnuda, es que todavía haces diferencia entre tú y yo; todavía estás atrapado en la dualidad y el deseo. 

El yogui comprendió en profundidad la verdad que brotaba de los sabios labios de la mujer, se puso ante ella de rodillas y comenzó a exclamar: “!Madre, madre, madre!” 

“Tú” y “Yo” 
se funden en la unidad del Ser 
como se funde la escarcha 
con los primeros rayos del sol 
al despuntar el día.



miércoles, 13 de febrero de 2013

LA OLLA DE BARRO





Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. Llamó a uno de ellos, Ashok, y le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas rupias extras. Ashok, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí: “Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé parte de ellas y compraré una granja. Como ganaré mucho dinero, también compraré telas y me haré comerciante. Será estupendo. 

Me casaré, tendré una casa soberbia y, naturalmente, dispondré de excelente cocinero para que me prepare los platos más deliciosos, y si un día no me hace bien la comida, le daré una bofetada”. Al pensar en propinarle una bofetada al cocinero, Ashok, automáticamente, levantó la mano, provocando así la caída de la olla, que se hizo mil pedazos contra el suelo derramando su contenido. Desolado, volvió al pueblo y se enfrentó al patrón, que exclamó: 

--¡Necio! ¡Me has hecho perder las ganancias de toda una semana! 

Y Ashok replicó: 

--¡Y yo he perdido mis ganancias de toda la vida! 

El futuro es un espejismo. 
Éste es tu momento, tu instante. 
En lugar de fantasear con la mente, 
pon las condiciones 
para que la semilla pueda germinar.


martes, 12 de febrero de 2013

EL INCRÉDULO







A pesar de la ascendencia que la palabra tiene sobre la mente humana, muchas personas dudan de la eficacia del mantra o fonema místico para canalizar la energía mental y motivarse espiritualmente. Tal es el caso de un incrédulo personaje que estaba escuchando a un yogui que declaraba: 

--Os puedo decir que el mantra tiene el poder de conduciros al Ser. 

El hombre incrédulo protestó: 

--Esa afirmación carece de fundamento. ¿Cómo puede la repetición de una palabra conducirnos al Ser? Eso es como decir que si repitiéramos “pan, pan, pan”, se haría realidad el pan y se manifestaría. 

El yogui se encaró con el incrédulo y le gritó: 

--Siéntate ahora mismo, sinvergüenza. 

El incrédulo se llenó de rabia. 

Era tal su incontrolada ira que comenzó a temblar, y furioso vociferó: 

--¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo? ¿Y tú te dices un hombre santo y vas insultando a los otros? 

Entonces, con mucho afecto y ternura, el yogui le dijo: 

--Siento mucho haberte ofendido. 

Discúlpame. Pero, dime, ¿qué sientes en este momento? 

--¡Me siento ultrajado! 

Y el yogui declaró: 

--Con una sola palabra injuriosa te has sentido mal. Fíjate el enorme efecto que ha ejercido sobre ti. Si esto es así, ¿por qué el vocablo que designa al Ser no va a tener el poder de transformarte? 

Somete la enseñanza a la experiencia. 
Los métodos son instrumentos 
para alcanzar la liberación interior.


sábado, 9 de febrero de 2013

EL CONTRABANDISTA




Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello. 

Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo: 

--Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas. 

Y el hombre repuso: 

--Burros. 

Así el ser humano, 
en tanto no ha purificado su discernimiento, 
no logra ver la realidad.


viernes, 8 de febrero de 2013

DOCE AÑOS DESPUÉS





Era un joven que había decidido seguir la vía de la evolución interior. Acudió a un maestro y le preguntó: 

--Guruji, ¿qué instrucción debo seguir para hallar la verdad, para alcanzar la más alta sabiduría? 

El maestro le dijo: 

--He aquí, jovencito, todo lo que yo puedo decirte: todo es el Ser, la Conciencia Pura. De la misma manera que el agua se convierte en hielo, el Ser adopta todas las formas del universo. No hay nada excepto el Ser. 

Tú eres el Ser. Reconoce que eres el Ser y habrás alcanzado la verdad, la más alta sabiduría. 

El aspirante no se sintió satisfecho. Dijo: 

--¿Eso es todo? ¿No puedes decirme algo más? 

--Tal es toda mi enseñanza -aseveró el maestro-. No puedo brindarte otra instrucción. 

El joven se sentía muy decepcionado, pues esperaba que el maestro le hubiese facilitado una instrucción secreta y algunas técnicas muy especiales, incluso un misterioso mantra. 

Pero como realmente era un buscador genuino, aunque todavía muy ignorante, se dirigió a otro maestro y le pidió instrucción mística. Este segundo maestro dijo: 

--No dudaré en proporcionártela, pero antes debes servirme durante doce años. Tendrás que trabajar muy duramente en mi ashram comunidad espiritual|. Por cierto, hay un trabajo ahora disponible. Se trata de recoger estiércol de búfalo. 

Durante doce años, el joven trabajó en tan ingrata tarea. Por fin llegó el día en que se había cumplido el tiempo establecido por el maestro. 

Habían pasado doce años; doce años recogiendo estiércol de búfalo. Se dirigió al maestro y le dijo: 

--Maestro, ya no soy tan joven como era. El tiempo ha transcurrido. Han pasado una docena de años. Por favor, entrégame ahora la instrucción. 

El maestro sonrió. Parsimoniosa y amorosamente, colocó una de sus manos sobre el hombro del paciente discípulo, que despedía un rancio olor a estiércol. Declaró: 

--Toma buena nota. Mi enseñanza es que todo es el Ser. Es el Ser el que se manifiesta en todas las formas del universo. Tú eres el Ser. 

Espiritualmente maduro, al punto el discípulo comprendió la enseñanza y obtuvo iluminación. Pero cuando pasaron unos momentos y reaccionó, dijo: 

--Me desconcierta, maestro, que tú me hayas dado la misma enseñanza que otro maestro que conocí hace doce años. ¿Por qué habrá sido? 

--Simplemente, porque la verdad no cambia en doce años, tu actitud ante ella, sí. 


Cuando estás espiritualmente preparado, 
hasta contemplar una hoja 
que se desprende del árbol 
puede abrirte a la verdad.


jueves, 7 de febrero de 2013

LAS FANTASÍAS DE UNA ABEJA




Era una abeja llena de alegría y vitalidad. En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche. Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto. Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí: “No importa. Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso. Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices”. 

La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando. 

Entonces se dijo: “!Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso! 

¡Esto es maravilloso! No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo”. Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar: “Éste es mi fin. Me muero”. 


Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. 
Aplícate al instante, 
haz lo mejor que puedas en el momento 
y no divagues.


miércoles, 16 de enero de 2013

La oveja tigre



Era una tigresa que estaba en muy avanzado estado de gestación. Eso no le refrenaba sus impulsos felinos de abalanzarse contra los rebaños de ovejas. Pero en una de esas ocasiones alumbró un precioso cachorro y no logró sobrevivir al parto.

El cachorrito fue recogido por las ovejas. Se hicieron cargo de él, dándole de mamar y cuidándolo con mucho cariño. El felino creció entre las ovejas, aprendió a pastar y a balar. Su balido era un poco diferente y chocante al principio, pero las ovejas se acostumbraron. Aunque era una oveja corporalmente bastante distinta a las otras, su temperamento era como el de las demás y sus compañeras y compañeros estaban muy satisfechos con la oveja-tigre. Y así fe discurriendo el tiempo. La oveja-tigre era manza y delicada.

Una mañana clara y soleada, la oveja-tigre estaba pastando con gran disfrute. Un tigre se acercó hasta el rebaño y todas las ovejas huyeron, pero la oveja-tigre, extasiada en el alimento, seguía pastando. El tigre la contempló sonriendo. Nunca había visto algo semejante. El tigre se aproximó al cachorro y, cuando éste levantó la cabeza y vio al animal, exhaló un grito de terror. Comenzó a balar desesperadamente.

- Cálmate, muchachito – le apaciguó el tigre.
- No voy a hacerte nada.
- Al fin y al cabo somos de la misma familia
- ¿De las misma familia? – replicó sorprendido el cachorro.
- Yo no soy de tu familia, ¿Qué dices?
- Soy una oveja.
- Anda, acompáñame – dijo el tigre.

El tigre-oveja le siguió. Llegaron a un lago de aguas maravillosamente tranquilas y despejadas.

- Mirate en las aguas del lago – dijo el tigre al cachorro.

El tigre-oveja se miró en las aguas. Se quedó perplejo al contemplar que no era parecido a sus hermanas las ovejas.

- Mirame a mi.
- Mirate a ti y mírame a mí.
- Yo soy un poco más grande, pero ¿no compruebas que somos iguales?
- Tú no eres una oveja, sino un tigre.

El tigre-oveja se puso a balar.

- No bales – le reprendió el tigre, y a continuación le ordenó ruge.

Pero el tigre-oveja siguió balando y en días sucesivos, aunque el tigre trató de persuadirle de que no era una oveja, siguió pastando. Pero unos días después el tigre le trajo un trozo de carne cruda y le conminóa que lo comiera. En el mismo momento en que el tigre-oveja probó la carne cruda, tuvo consciencia de su verdadera identidad, dejó el rebaño de ovejas, se marchó con el tigre y llevó la vida propia de un tigre.

Hasta que no probamos el sabor 
de nuestro ser interno, 
vivimos de espaldas 
a nuestra propia identidad, 
identificados con lo que creemos ser y no somos.

Fuente: Cuentos espirituales del Tíbet – Ramiro A. Calle

lunes, 24 de diciembre de 2012

Fantasías de una abeja



Era una abeja llena de alegría y vitalidad.

En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche. Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto.

Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí:

- No importa.

- Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso.
- Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices.

La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando.

Entonces se dijo:

- !Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso!
- ¡Esto es maravilloso!
- No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo.

Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar:

- Éste es mi fin.
- Me muero.
Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. 
Aplícate al instante, 
haz lo mejor que puedas en el momento 
y no divagues.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Tres cráneos



En el techo del mundo, o sea en el Tibet, un peregrino, con motivo de una larga peregrinación a uno de los santuarios más sagrados, encontró tres cráneos.

La noticia se extendió por todas las partes y llegó hasta el rey. Los tres cráneos se habían encontrado juntos y nadie sabía de su procedencia. El rey sintió gran curiosidad por el suceso y ordenó que le trajeran los cráneos. Los colocó ante sí, los observó y se preguntó:

- ¿A Quiénes pertenecían estos cráneos?

- ¿Qué clase de personas serían sus propietarios?

Quedó pensativo y se dijo:

- Me gustaría saber cual de las tres personas era la más bondadosa?

El monarca era un hombre joven, que valoraba la benevolencia en los seres humanos. Aquellos cráneos le intrigaban. ¿Cómo investigar algo sobre ellos? Entonces le hablaron de un lama-médico forense.

- Hacedle venir – ordenó el rey

- Quiero ver a ese lama-médico lo antes posible.

Unos días después, procedente de su monasterio en remotas tierras del país de las Nieves, llegó el lama-médico.

- Tengo conocimiento de que eres no sólo un piadoso lama, sino un gran forense. No te voy a entregar una tarea fácil, pero confío en ti. Mira estos tres cráneos. Los encontró un peregrino en una de sus peregrinaciones. Estaban juntos y yo no he podido dejar de preguntarme cuál de ellos pertenecía a la mejor persona de las tres. ¿Podrías averiguarlo?

- Necesito unos días, majestad – dijo el lama seriamente.

- En ese tiempo espero poder traeros una respuesta que os satisfaga.

- También yo lo espero – concluyó el rey.

El lama-médico se llevó los cráneos con él. Durante unos días se encerró en la celda de un monasterio a investigar minuciosamente sobre los mismos. En principio no era una tarea sencilla.

Unos días después, el lama-médico acudió a visitar al monarca. El rey no podía disimular su impaciencia.

- Has descubierto algo? – se apresuró a preguntar

- Sí, señor, tengo la respuesta.

Colocó los tres cráneos sobre una mesa y señaló uno de ellos.

- Éste, seguro, era el cráneo de la persona más bondadosa.

- ¿Seguro? – preguntó escéptico el rey.

- Quiero una explicación convincente.

El lama-médico se expresó así:

- Cogí uno de los cráneos y pasé un alambre por uno de los oídos y observé que el alambre salía directamente por el otro oído. Sin duda se trataba de una persona a la que lo escuchado a los demás le entraba por un oído y le salía por el otro.

El médico retiró ese cráneo y añadió:

- Mirad majestad, este otro cráneo. Lo investigué a fondo. Introduje un alambre por el oído y el mismo salió directamente por la boca. Era el cráneo de una persona que, indiscretamente, contaba en el acto todo lo que había escuchado.

El monarca no pude reprimir la risa. Luego se puso serio y le dijo:

- ¿Y el tercer cráneo?

El lama-médico tomó entre sus manos el tercer cráneo y añadió:

- Señor, este cráneo es el que pertenecía a la persona más bondadosa

- ¿Por qué? Os lo explicaré.

- Recurrí de nuevo a la prueba del alambre.

- Inserté el alambre por uno de los oídos y éste apareció por el corazón. Así se evidencia que esta persona escuchaba con amor a los demás y sabía guardar sus secretos. No era solamente la más bondadosa, sino también la más sabia y prudente.

El monarca, muy complacido, dijo:

- Si eres tan buen lama como forense, no dudo de que alcanzarás la iluminación.

El lama-médico no quiso ninguna recompensa. En una humilde mulilla regresó a su monasterio.

La bondad impregna pensamientos, palabras y obras.


jueves, 20 de diciembre de 2012

Extravagancias



Por un lado era un respetado maestro, capaz de hablar con un fenomenal cordura, claridad y precisión, llegando, como nadie, al mismo núcleo de las cosas.

Pero, de vez en cuando, ante la sorpresa de todos, se ponía a hacer desconcertantes extravagancias: reír sin motivo aparente, se quedaba herméticamente silencioso, se levantaba y dejaba plantados a los asistentes, se reía a carcajadas, se burlaba de alguno de los presentes, o aparecía medio desnudo y tantas otras extravagancias que despertaban la perplejidad y hasta la irritación de los más cercanos discípulos, porque ellos sí sabían bien que se trataba de un gran ser espiritual.

Les molestaba que algunos pudieran pensar que era un estúpido o un insensato. Por ello un día fueron a reunirse con el maestro y le expusieron su parecer.

El maestro sonrió sosegadamente y les dijo:

- Lleváis conmigo mucho tiempo, ¿no es así?

- Así es, querido maestro.

- Y no comprendeís nada, absolutamente nada.

- ¡Qué lástima!

- Sois como el estudiante que al tener una esfera entre sus manos sólo ve la mitad de la misma y le quedaba oculta la otra mitad. Igualmente vosotros sólo veis un lado de mi realidad.

- No lo entendemos – dijeron quejosos los discípulos.

- Me muestro como un insensato o un extravagante cuando quiero causar intencionadamente esa impresión en algunos para que me dejan en paz.

- Son gente insustancial y superficial y con este pequeño truco les espanto.

- Los que son más profundos, los buscadores, no se dejan desorientar por mis extravagancias, porque saben ver el fruto detrás de la cáscara.

Todos se sintieron avergonzados. Desde aquel día, empero, estuvieron encantados con las extravagancias del maestro, ya que mediante ellas apartaba a los falsos buscadores.

A menudo el ser humano, 
por falta de visión penetrativa, 
se estrella 
contra las apariencias de los fenómenos.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Viviendo en la imaginación



Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados.

De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

- ¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua.

Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos.

Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

- ¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

La mente siempre tiene problemas. 
Cuando no tiene problemas reales, 
fabrica problemas imaginarios y ficticios, 
teniendo incluso que buscar 
soluciones imaginarias y ficticias.


martes, 18 de diciembre de 2012

El incrédulo



Un hombre estaba escuchando a un yogui que declaraba:

- Os puedo decir que el mantra tiene el poder de conduciros al Ser.

El hombre incrédulo protestó:

- Esa afirmación carece de fundamento.

- ¿Cómo puede la repetición de una palabra conducirnos al Ser?

- Eso es como decir que si repitiéramos “pan, pan, pan”, se haría realidad el pan y se manifestaría.

El yogui se encaró con el incrédulo y le gritó:

- Siéntate ahora mismo, sinvergüenza.

El hombre se llenó de rabia.

Era tal su incontrolada ira que comenzó a temblar, y furioso vociferó:

- ¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo?

- ¿Y tú te dices un hombre santo y vas insultando a los otros?

Entonces, con mucho afecto y ternura, el yogui le dijo:

- Siento mucho haberte ofendido.

Discúlpame. Pero, dime, ¿qué sientes en este momento?

- ¡Me siento ultrajado!

Y el yogui declaró:

- Con una sola palabra injuriosa te has sentido mal.

- Fíjate el enorme efecto que ha ejercido sobre ti.

- Si esto es así, ¿por qué el vocablo que designa al Ser no va a tener el poder de transformarte?

Somete la enseñanza a la experiencia. 
Los métodos son instrumentos 
para alcanzar la liberación interior.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Soñar despierto



Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros.

Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

- ¿Pero a qué se debe este fenómeno? – se preguntaban los visitantes-.

En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho.

Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo.

Con voz pausada, explicó:

- Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.


No seas como este hombre, 
dormido espiritualmente 
en tanto crees que estás despierto.