Un día, el burro de una campesina se cayó en un pozo. El animal lloró durante horas, mientras la campesina trataba de averiguar qué hacer. Finalmente la campesina decidió que el animal ya estaba viejo, el pozo estaba seco, y necesitaba ser tapado de todas formas y que realmente no valía la pena sacar al burro. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarla. Todos cogieron una pala y empezaron a tirar tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Después, para sorpresa de todos, se tranquilizó... Después de unas cuantas paladas de tierra, la campesina miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble... Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba. Mientras los vecinos seguían echando tierra encima del animal, él se sacudía y daba un paso hacia arriba. Pronto todos vieron sorprendidos cómo el burro llegaba hasta la boca del pozo, pasaba por encima del borde y salía trotando. La vida va a echarnos tierra, todo tipo de tierra... El truco para salirse del pozo es sacudirse la tierra y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Nosotros podemos salir de los más profundos huecos, si nunca damos nuestro brazo a torcer. Sacudirse y dar un paso hacia arriba...
Uno de los tantos desocupados que hay, decide buscar Trabajo en un shopping, de esos para clase medio-alta. Se entrevista con el gerente de recursos humanos y éste le pregunta:
- ¿Tienes alguna experiencia en Ventas?
- Si, trabajé un tiempo vendiendo ropa.
Al gerente, le cae en gracia el tipo y lo contrata.
- Empiezas mañana. A la hora del cierre te vengo a ver para saber cómo te fue...
El primer día de trabajo fue duro. Al finalizar el día, el gerente baja y le pregunta:
- ¿Cuántas ventas hiciste hoy?
- Una.
- ¿Una sola? -, dice el gerente.
- Nuestro personal hace en promedio 25-30 ventas al día. De cuánto fue la venta? -
- 300 mil euros - le responde el tipo.
- ¿300 mil euros, pero ......qué le vendiste?
- Primero le vendí un anzuelo chico. Después le vendí un anzuelo mediano.
Después uno grande. Después le vendí una caña de pescar nueva. Después le pregunté a dónde iba a ir a pescar y me dijo que a la Laguna de Junín. Así es que le dije que iba a necesitar un bote y lo llevé a la sección de botes y le vendí uno nuevo, con motor doble, fuera de borda, un Mercury, vió. Después me dijo que su Nissan no iba a poder con semejante bote, así es que lo lleve a la sección de autos y le vendí una Explorer 4X4 con malacate.
El jefe visiblemente impresionado por las aptitudes del tipo, le Pregunta:
- ¿El tipo vino acá a comprar un anzuelo y vos le vendiste un bote y una 4X4?
A lo que el novato responde:
- ¡No, no!. El tipo vino a comprar tampones para su señora y yo le dije:
-'Maestro, ya que tiene cagado el fin de semana.....¿Por qué no se va a pescar?
Era una simple alcantarilla a la que, por circunstancias que desconozco, le faltaba la tapadera. Era un día soleado, por lo que no creo que fuera por cuestión de la lluvia. Pero en fín, allí estaba la alcantarilla sin su tapadera. Es más, la subsodicha estaba tan solo a unos cincuenta centimetros de distancia.
Durante un rato pude observar a la gente, pues me encontraba tomando un café muy cerca del sitio en cuestión. Había unos que saltaban por encima del ahujero como si de un juego se tratara, otros giraban hacia la izquierda o hacia la derecha para esquivarla y dejarla a un lado sin ningún tipo de peligro. Había quien pasaba de largo como si nada, y los había que se paraban para ver que sucedía dentro de aquél espacio.
De todos los que por allí pasaron, que no fueron pocos, tan sólo uno se paró, miró hacia el interior de la alcantarilla, vio que no había ningún tipo de señalización y se dirigió hacia la tapadera colocandola donde le correspondía y se fue con toda la tranquilidad del mundo.
Poco después me puse a pensar en la alcantarilla y la vida. La alcantarilla me invitó a pensar que muchas veces ante los obstáculos de la vida intentamos saltarlos, esquivarlos, pasar de largo, mirar hacia ellos y seguir como si nada. Pero también me ayudó a pensar que son pocos los que se deciden a reparar, a arreglar o a poner las cosas en su sitio.
Vivo con la creencia de que son otros los que tienen que arreglarme las cosas, colocarlas donde creo que van y, en definitiva, son los otros los que tienen que hacer o solucionarne los problemas. Mientras tanto sigo esquivando, saltando, pasando de largo y sin coger al toro por los cuernos.
La alcantarilla me enseña que no vivo solo para mí. Vivo también para los demás y es mi responsabilidad dar el paso cuando yo veo la necesidad. Y en la medida en que cada obstáculo me ayude a tapar ahujeros, mi vida no sólo se desarrollará sino que también dejaré una pequeña impronta de mi vida para los demás, aunque no pase a la historia; aunque lo que haga sea parte de mi historia y de la misma historia de la vida.
Una pequeña historieta que me llegó ayer por e-mail:
Un presumido estudiante que se encontraba en un autobús lleno hasta los topes... se tomó la molestia de explicarle a un señor mayor sentado enfrente, porqué le es imposible a la vieja generación comprender a su generación.
"Usted creció en un mundo diferente, realmente casi primitivo," - dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor - los jóvenes de hoy crecimos con televisión, internet, aviones a reacción, viajes al espacio, el hombre caminando en la luna. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte.
Tenemos naves con energía nuclear y coches eléctricos y de hidrógeno. Ordenadores con procesos a la velocidad de la luz y más..."
Después de un breve silencio el señor mayor respondió lo que sigue:
"Tienes razón, hijo mío.Nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes... así que las inventamos. Ahora, ¡arrogante niñato!, ¿qué estás haciendo TÚ para la próxima generación?"