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lunes, 14 de enero de 2013

La rosa y el cactus



Un hombre preguntó a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante. El sabio tomó dos flores en su mano, una rosa y un cactus y le preguntó al hombre: ¿si yo te doy a escoger una flor cuál eliges?

El hombre sonrió y dijo: la rosa, es lógico. A lo que el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa o lo mundano y eligen lo que brille más, lo que valga más, pero no en esos placeres está el amor. Yo me quedaría con el cactus, porque la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio, sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas.

Tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus gritos, tus malos ratos y así está contigo. Tu amante conoce tu dinero, tus lujos, los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo. Ahora dime hombre, ¿con quién te quedarás?

jueves, 9 de agosto de 2012

LOS CINCO MONJES




El Lama del Sur dirigió una urgente llamada al gran Lama del Norte pidiéndole 
que le enviara a un monje sabio y santo que iniciara a los novicios en la vida 
espiritual. Para general sorpresa, el Gran Lama envió a cinco monjes. en lugar de uno 
solo. Y a quienes le preguntaban el motivo, les respondía enigmáticamente: 

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El grupo llevaba algunos días en camino cuando llegó corriendo hasta ellos un 
mensajero. que les dijo: 

«El sacerdote de nuestra aldea ha muerto. Necesitamos que 
alguien ocupe su lugar». La aldea parecía un lugar confortable y el sueldo del 
sacerdote era bastante atractivo. A uno de los monjes le entró un súbito interés 
pastoral por aquella gente y dijo: 

«No sería yo un verdadero budista si no me quedara 
a servir a esta gente». De modo que se quedó. 

Unos días más tarde sucedió que sé encontraban en el palacio de un rey que se 
encaprichó de uno de los monjes. «Quédate con nosotros», le dijo el rey, «y te casarás 
con mi hija. Y cuando yo muera, me sucederás en el trono». 

El monje se sintió atraído 
por la princesa y por el brillo de la realeza, de manera que dijo: «¿Qué mejor modo de 
influir en los súbditos de este reino para inclinarlos al bien que siendo rey de todos 
ellos? No sería un buen budista si no aceptara esta oportunidad de servir a la causa de 
nuestra santa religión». De modo que también éste se quedó. 

El resto del grupo siguió su camino y una noche, hallándose en una región 
montañosa, llegaron a una solitaria cabaña habitada por una bella muchacha que les 
ofreció cobijo y le dio gracias a Dios por haberle enviado a aquellos monjes. Sus 
padres habían sido asesinados por los bandidos y la muchacha se encontraba sola y 
llena de ansiedad. A la mañana siguiente, cuando llegó la hora de partir, uno de los 
monjes dijo: «Yo me quedaré con esta muchacha. No sería un auténtico budista si no 
practicara la compasión». Fue el tercero en abandonar. 

Los dos restantes llegaron, por último, a una aldea budista, donde, para su 
espanto, descubrieron que todos los habitantes de la aldea habían abandonado su 
religión y habían sido convencidos por un guru hindú. Uno de los dos monjes dijo: «Es 
mi deber hacia esta pobre gente y hacia el Señor Buda quedarme aquí y reconducirlos 
a la verdadera religión». Fue el último en abandonar. 

Por fin, el quinto monje llegó ante el Lama del Sur. El Gran Lama del Norte había 
tenido razón, después de todo.

Hace años inicié la búsqueda de Dios. Una y otra vez me apartaba del camino. Y 
siempre por los mejores motivos: para reformar la liturgia, para transformar las 
estructuras de la Iglesia, para actualizar mis estudios bíblicos y aprender la teología 
pertinente... Por desgracia, me resulta más fácil embarcarme en el trabajo religioso, sea 
cual sea, que perseverar firmemente en aquella búsqueda.


viernes, 15 de junio de 2012

Un Hombre, su caballo y su perro



Un Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales( a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

Buenos días.
Buenos días - Respondió el guardián
¿ Cómo se llama este lugar tan bonito?.
Esto es el cielo.
Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles..
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo
Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar.
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
CIELO.
¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡ Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante.
De ninguna manera! – increpó el hombre
En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

Paulo Coelho

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El águila y la zorra




Eran muy amigas y decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. 

Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol. 

Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regozijaron con un banquete.

Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños; 

¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela ? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo.

Mas no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera que aún conservaba fuego, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, los cuales se vinieron al suelo. Corrió la zorra, y tranquilamente devoró a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga.

Nunca traiciones la amistad sincera, 
pues si lo hicieras, 
tarde o temprano del cielo llegará el castigo.