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martes, 6 de noviembre de 2012

El bloque



Cuando nos encontramos con obstáculos, a veces, lo más fácil es echarse atrás. A menudo, cuesta ser perseverante y no dejarse vencer, cuando hemos decidido enfrentarnos a nuestro obstáculo.

Estaba frente a un bloque de piedra redondo y liso, muy técnico. Desde que lo vi, me llamó la atención y quise intentar resolverlo.

Para resolver un bloque de escalada, es necesario subir hasta el punto más alto de la roca.

Puse colchonetas bajo mis pies y empecé a subir. Los agarres eran muy pequeños y los pies resbalaban. No había superado ni un metro y me caí. Volví a intentarlo, de nuevo resbalé y caí encima de la colchoneta.

Pensé que debía cambiar de estrategia y probar de otra manera. Tampoco resultó. No sé cuantas veces caí para volver a intentarlo. Una y otra vez.

Finalmente, conseguí superar la parte más "resbaladiza" para aguantarme en una pared vertical sólo con los pies a unos 3 metros del suelo.

Los agarres no existían, así que tenía que confiar en mi pie izquierdo, incorporarme sobre él y salir hacia arriba. Era fácil, pero me empezaron a invadir dudas:

¿Y si me caigo? ¿Y si no puedo? ¿Y si no lo consigo?

Me empezaba a cansar y la pierna me empezaba a temblar (en escalada lo llamamos la moto) de nervios, cansancio y miedo. Miraba el suelo y todavía era peor. Ya dudaba si continuar, hasta que mi compañero me dijo:

- "¡Vamos, Cris, tú eres Coach!"

Pensé que ya no había marcha atrás y me di la oportunidad para intentarlo y conseguirlo.

Allí estoy encima del bloque, cansada y orgullosa de mí misma.

Cada vez que te niegas la oportunidad a intentarlo, estás fracasando. Dale un lugar al fracaso, esa palabra que suena tan terrible, pero que en realidad deberíamos interpretar como aprender.

Fracasar no equivale a aprender por sí sola. Aprender de los fracasos es una actitud. Cada vez que te caigas, vuelve a intentarlo con garra. Con mentalidad de triunfador y si te caes, no importa.

Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir

Cris Pérez Vázquez

domingo, 6 de marzo de 2011

El Muro



Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo.  El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba.  Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios de la siguiente manera:

"Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme".  En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita.  La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada.  El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:

 "Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme".  Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña.  Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte.  Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escucho esta conversación:

Primer hombre: "Vamos, entremos a esta cueva." Segundo hombre: "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en ésta."

Las apariencias engañan,
tengamos siempre confianza en Dios.