viernes, 2 de noviembre de 2012

Aprendí




  • He aprendido que la vida es como un rollo de papel higiénico. Cuanto más se acerca a su final, más rápido se va.


  • He aprendido que debería estar contenta de que Dios no me conceda todo lo que pido.


  • He aprendido que el dinero no me da estatus.


  • He aprendido que son las pequeñas y cotidianas cosas las que hacen la vida tan espectacular.


  • He aprendido que muy dentro de cada persona hay alguien que desea ser apreciada/o y amada/o.


  • He aprendido que Dios no lo hizo todo en un día. ¿Que me hace pensar que yo sí puedo?


  • He aprendido que ignorar las cosas, no las cambia.


  • He aprendido que cuando quiero desquitarme de alguien, sólo permito que siga hiriéndome.


  • He aprendido que es el amor, y no el tiempo, lo que cura las heridas.


  • He aprendido que la mejor manera que existe de crecer es rodearse de personas que sean más listas que yo.


  • He aprendido que cualquier persona que conozca, merece ser saludada con una sonrisa.


  • He aprendido que no hay nada más dulce que dormir con bebés y sentir su respiración en las mejillas.


  • He aprendido que ninguna persona es perfecta hasta que me enamoro de ella.


  • He aprendido que la vida es dura, pero yo lo soy más.


  • He aprendido que las oportunidades nunca se pierden, las que yo desperdicie, alguien las encontrará.


  • He aprendido que si albergo amargura, la felicidad buscará otro sitio para albergarse.


  • He aprendido que me hubiera gustado decirle muchas veces a mi familia que la quiero, antes de que muera.


  • He aprendido que debo pronunciar palabras suaves y tiernas, porque el día de mañana tendré que comérmelas.


  • He aprendido que una sonrisa es la forma más barata de mejorar mi apariencia.


  • He aprendido que no puedo escoger como me siento, pero sí como actuar al respecto.


  • He aprendido que cuando un bebé me coge un dedo con su mano, me agarra para toda mi vida.


  • He aprendido que todas las personas quieren vivir en la cima de la montaña, pero toda la felicidad y crecimiento ocurren mientras la estamos subiendo.


  • He aprendido que sólo debo aconsejar en dos circunstancias: cuando me lo pidan y cuando la vida de alguien corra peligro.


  • He aprendido que cuanto menos tiempo tengo para trabajar, más cosas hago

jueves, 1 de noviembre de 2012

El aguila de corral



Un hombre se encontró un huevo de águila . Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. Durante toda su vida el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piaba y cacareaba. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, igual que los pollos. Después de todo ¿no es así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila envejeció. Un día divisó muy por encima de su cabeza, en el límpido cielo, un magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.

La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. “¿Qué es eso?”, preguntó a una gallina que estaba junto a ella. “Es el águila, la reina de las aves”, respondió la gallina. “Pero no pienses en ella. Tú y yo somos diferentes”

De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral.

(Anthony de Mello)


miércoles, 31 de octubre de 2012

Metáfora del autobus



Imagínese que usted es el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobús con una única puerta de entrada, y sólo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa.
Mientras usted conduce el autobús algunos pasajeros comienzan a amenazarle diciendole lo que tiene que hacer, dónde tiene que ir, ahora gire a la derecha, ahora vaya más rápido, etc., incluso le insultan y desaniman, eres un mal conductor, un fracasado, nadie te quiere… Usted se siente muy mal y hace casi todo lo que le piden para que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así le dejen conducir tranquilo.
Pero algunos días se cansa de sus amenazas, y quiere echarlos del autobús, pero no puede y discute y se enfrenta con ellos. Sin darse cuenta, la primera cosa que ha hecho es parar, ha dejado de conducir y ahora no está yendo a ninguna parte. Y además los pasajeros son muy fuertes, resisten y usted no puede bajarlos del autobús. Así que resignado vuelve a su asiento y conduce por donde ellos mandan para aplacarlos.
De esta forma, para que no le molesten y no sentirse mal usted empieza a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobús por dónde le dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Usted hace lo que le ordenan y cada vez lo hace antes, pensando en sacarlos de su vida. Muy pronto, casi sin darse cuenta, ellos ni siquiera tendrán que decirle “gire a la izquierda”, sino que usted girará a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre usted y le amenacen.
Así, sin tardar mucho, empezará a justificar sus decisiones de modo que casi cree que ellos no están ya en el autobús y convenciéndose de que está llevando el autobús por la única dirección posible. El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirás mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer. Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho daño, y por eso usted acepta el trato y hace lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les pueda ver.
¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad ha perdido la dirección del autobús¡ Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar. El conductor es usted.


martes, 30 de octubre de 2012

Gawain y las mujeres





Una mañana de invierno, el joven rey Arturo decidió distraerse cazando furtivamente en un bosque del reino colindante. Los guardianes del monarca advirtieron la presencia de Arturo, Cautelosamente se aproximaron y Arturo al verse acorralado y consciente de su falta, se entregó sin oponer resistencia. Esposado lo presentaron ante el rey. Arturo ante los ojos del monarca que lo escrutaba airado confesó: 

- No tengo ninguna excusa en mi defensa, he cazado en vuestra tierra sin vuestro consentimiento y ahora debo asumir la pena que se me imponga. 

El monarca, conmovido por la sinceridad, responsabilidad y gallardía del joven Arturo dijo: - Joven, la condena por tal delito es la pena de muerte, - Arturo palideció - pero sería un error no darle la oportunidad de remendar sus errores a una persona que reconoce de este modo la consecuencia de sus actos y decisiones. Así que os concedo la libertad a cambio de que en el termino de un año halles respuesta a una pregunta. Si accedes y resuelves lo que te planteo, serás libre. De lo contrario, volverás y me rendirás pleitesía. Para asegurarme de tu regreso antes de ese plazo, te acompañarán algunos de mis más fieles servidores. Tú decides. 

Arturo asintió temeroso y el monarca prosiguió: 

- La pregunta que debes resolver es: ¿Qué quieren realmente las mujeres?. - Llamó a cuatro de sus mejores soldados - Puedes venir cuando tengas la respuesta, mas si tal día como hoy cuando 365 lunas hallan sucedido 365 soles, no la tuvieras, estos hombres que te acompañarán hasta ese día, te darán muerte y traerán tu cabeza. 

Las personas presentes quedaron perplejas ante el reto. Al joven Arturo le pareció imposible contestarla, pero era la única oportunidad para salvar su vida. Acompañado por su nueva escolta y por sus más fieles amistades, recorrió todo su reino en busca de la respuesta. Interrogó a princesas, a su reina madre, a prostitutas, a monjas, al consejo de personas sabias, al bufón de la corte, a todas las gentes que se topaban en su camino. Ninguna conocía la respuesta a la pregunta y todas le aconsejaban que visitara a la vieja bruja conocida por su sabiduría, pero también por sus tarifas maquiavélicas y abusivas. 

Exhausto por la búsqueda y habiendo agotado prácticamente el año de gracia que le había concedido el monarca vecino, visitó a la bruja. La hechicera conocedora del futuro, de alimañas y conjuros, de pócimas y remedios aguardaba su visita desde el día de la condena, había tenido tiempo suficiente para tramar qué quería a cambio de la vida de Arturo. Quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la mesa redonda y el más íntimo amigo de Arturo. 

Arturo, al oír el precio, montó en cólera. La bruja era jorobada, fea, con un sólo diente, desprendía un hedor nauseabundo y hacía ruidos obscenos. Era repugnante y no podía comprometer la felicidad de su amigo por su vida. Gawain lo acompañaba y le pidió que se tranquilizase. Lo tranquilizó y le rogó que aceptara. La muerte de Arturo supondría el fin de la mesa redonda y el peligro del reino y de sus gentes. Gawain, fervorosamente leal, continuó: 

- Como caballero de la mesa redonda es mi deber casarme con la bruja y así salvaguardar vuestra vida y la continuidad de la mesa redonda. 

Arturo aceptó. Acordaron celebrar la boda lo antes posible, pues la bruja quería el pago antes de dar la respuesta que Arturo necesitaba. 

Se organizaron unas nupcias por todo lo alto. La corte presenció durante toda la fiesta los malos modales de la bruja. Engullía toda la comida directamente del plato, emitía ruidos y olores espantosos. Arturo se sintió desgarrado y angustiado. Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso en todo momento. 

Al llegar la noche, el noble caballero aguardaba en el lecho nupcial a su esposa, la bruja. Esperaba a la encorvada y verrugosa mujer que había conocido y en su lugar apareció la más bella doncella que un hombre desearía ver en su alcoba. 

Gawain, estupefacto, preguntó dónde estaba su esposa, la bruja. La doncella respondió: 

- En agradecimiento por vuestra cortesía os ofrezco este regalo. Puedo tomar la forma que desee y este aspecto es el que quiero mostraros la mitad del tiempo que pasemos juntos. - con sonrisa pícara, le preguntó - Gawain, ¿Cómo queréis que os acompañe durante el día y cómo durante la noche? 

- ¡Pregunta cruel! - Gawain reflexionó - ¿Quiero una mujer durante el día para exhibir ante mis amistades y por la noche en la privacidad de la alcoba a una bruja espantosa? o ¿Prefiero tener a una bruja en la calle y una joven hermosa en los momentos de intimidad. 

El noble Gawain, ante tal dilema y haciendo gala una vez más de su nobleza, dejó la decisión en manos de la sabia bruja que replicó entusiasmada: 

- Ahí tenéis la respuesta para vuestro señor. El monarca quería saber qué quieren realmente las mujeres y vos con vuestra gentileza habéis hallado la solución: Una mujer lo que realmente quiere es ser la soberana de su propia vida. 

Gawain comprendió que aquella era la respuesta que esperaba el monarca y que su amigo Arturo obtendría el perdón gracias a la sabiduría de la hechicera. Desde entonces, la bruja abandonó su aspecto desagradable y se transformó en la bella dama hasta el fin de sus días para premiar el respeto, gallardía y nobleza de Gawain que había conseguido satisfacer a su ahora esposa, soberana de su propia vida.

Publicat per Cris Pérez-Vàzquez


lunes, 29 de octubre de 2012

Flor de amor




Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.


Sabiendo esto,decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.


Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:


- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.
>>


Y la hija respondió:


- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.


Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:


- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China.


La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.


El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.


Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.


Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.


En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.


Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.


Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.


Todos las presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:


- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles


domingo, 28 de octubre de 2012

El fin de la buena onda





Una señora estaba esperando su vuelo en la sala de espera de un gran aeropuerto. Como tenía que esperar bastante, se fue a comprar un libro y un paquete de galletas.

Al volver, se sentó en una de las salas a leer tranquilamente. Dos asientos a su lado, se sentó un hombre con una revista y empezó a leer. Entre ellos dos se quedaron las galletas.

Cuando ella cogió la primera galleta, el hombre cogió una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada, solo pensó: “¡qué descarado!” Si no estuviera tan cansada, le hubiera dado una bofetada que no olvidaría nunca más.

Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre cogía una. Eso la indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.

Cuando quedaba solo una pensó: "¿Qué hará ahora este tío con tanto morro?"
>>
Entonces el hombre cogió la galleta, la partió y dejo la mitad para ella. Eso ya fue demasiado. Cerró el libro y sus cosas y se fue rabiando sin decir nada y embarcó en el avión.

Cuando ya estaba sentada en su asiento, abrió su bolso y se dió cuenta de que dentro del bolso llevaba su paquete de galletas intacto y sin abrir.

¡Qué vergüenza sintió! Olvidó que las galletas las había guardado después de comprarlas. El hombre había compartido sus galletas con ella sin sentirse nervioso ni alterado. Ya no tenía oportunidad de disculparse y pensó: "¿Cuantas veces en nuestra vida sacamos conclusiones que tendríamos que observar mejor? ¿Cuantas cosas no son exactamente como pensamos de las personas?"

Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:

Una piedra, después de lanzarla
Una palabra después de haberla dicho
Una oportunidad, después de perderla
El tiempo, después de haberlo pasado

El hombre se quedó sentado. Se sentía satisfecho de haber compartido sus galletas. Pero no entendía los motivos por los cuales aquella mujer le dirigía toda aquella ira. Otro día cualquiera, hubiese continuado leyendo sin darle más importancia al asunto. Pero aquel día era diferente, estaba triste, estaba muy triste y la ira de aquella señora le estaba carcomiendo desde la primera mirada de odio.

Su sonrisa era su mejor estandarte y la gente lo buscaba para encontrar lo mejor de sí mismas. Pues pensaba que todas las personas eran buenas y que, en el fondo, todas estaban ligadas y hermanadas de algún modo.

Pese a toda esa energía positiva, los episodios como el que acababa de vivir, compartiendo las galletas, se repetían. Intentaba buscar en su interior qué había cambiado para atraer esos sentimientos y, finalmente, tomó conciencia de que no todas las personas eran como él. No todas las personas estaban dispuestas a compartir y repartir energía positiva. No todas las personas se responsabilizan de sus acciones y sus consecuencias. No todas las personas aprenden y crecen de sus vivencias.

Entonces, sintió lástima. Una lástima enorme por todas aquellas personas que no eran capaces de mirar qué hacían mal con ellas mismas y que se dedican a culpabilizar a las demás personas, a las circunstancias o se escondían detrás de cualquier disculpa para no seguir adelante y no ver la vida como el milagro que es.

Aquella pena que rozaba la desesperación le hacía preguntarse: "¿Tendré que continuar repartiendo buena energía a todas las personas? ¿Quien me ayudará a mí, si algún día me quedo sin buena onda?"

Y con aquella tristeza tan grande y una pesadez inmensa entre sus hombros, se dirigió a la tienda a comprar otro paquete de galletas. Pensando en el motivo que había llevado aquella señora a lanzarle aquellas miradas furiosas y mientras le duraron esas preocupaciones, su sonrisa, su mejor estandarte, se borraron de la faz de la tierra.

Entonces recordó unos de sus versos favoritos:

Quien siembra plantas, recoge alimento.
Quien siembra flores, recoge perfume.

Quien siembra trigo, recoge pan.
Quien siembra amor, recoge amistad.

Quien siembra alegría, recoge felicidad.
Quien siembra vida, recoge milagros.

Quien siembra verdad, recoge confianza.
Quien siembra cariño, recoge gratitud.

sábado, 27 de octubre de 2012

La esencia de las cosas



Era Invierno. Tan Sia iba de viaje hacia el Sur y el guardián de un templo, situado junto al camino, le permitió pasar allí la noche. Hacía un frío muy intenso, y Tan Sia, incapaz de dormir debido a las bajas temperaturas, cogió una estatua de madera del templo, la hizo astillas y encendió una fogata para calentarse. Cuando lo vio, el guardián del templo se quedó estupefacto. 

- ¿Cómo te atreves... - le dijo hecho una furia- a quemar una estatua del Buda? 

- Busco la esencia sagrada de todas las cosas - respondió Tan Sia sin inmutarse, mientras removía las brasas con su bastón. 

- ¿Cómo vas a encontrarla si estás quemando un Buda de madera? - replicó el guardián en el mismo tono de indignación. 

- Si la esencia no está ahí dentro, ¿quieres, por favor, acercarme aquellas otras dos estatuas para avivar la hoguera? 

Fuente: El Bosque Mitago