lunes, 22 de noviembre de 2010

Patria es Humanidad


Durante una de las recientes guerras entre la India y Paquistán, unos oficiales del ejército paquistaní fueron hechos prisioneros por los indios y custodiados como correspondía a su rango hasta el final de las hostilidades. Cuando llegó el día de devolverlos a su patria, se presentó un oficial indio, los puso en libertad, los acompañó hasta el límite de los dos países y les dijo: "Aquella línea de árboles que ven ustedes es la frontera entre la India y Pakistán. Una vez que la crucen, estarán en su tierra. ¡Buena suerte!"

Los oficiales paquistaníes, al divisar su tierra, se llenaron de alegría, salieron corriendo, pasaron la línea de árboles y, al llegar a suelo paquistaní, se arrodillaron y comenzaron a besarlo, a derrarmar lágrimas de gozo y a decir: "¡Oh, Madre Paquistán! Te amamos, te servimos, te veneramos. Hemos sufrido por ti, y por ti sufriríamos mucho más, hasta derramar gustosos nuestra sangre por tu seguridad y tu gloria. Sólo el pisar otra vez tu bendito suelo nos hace felices."

En esto estaban los fervorosos oficiales cuando se les acercó corriendo, pòr detrás, el oficial indio, que blandía unos papeles en su mano y comenzó a decirles en cuanto consiguió que le prestaran atención: "Ustedes perdonen, si les interrumpo, pero ha habido un error. Acabo de mirar bien el mapa, y Paquistán no comienza en esta línea de árboles, sino en la siguiente que ven ustedes cien metros más allá. El terreno en que están ustedes es todavía la India. Tengan la bondad de trasladarse un poco más allá, y estarán en su casa. Espero no les haya causado ninguna molestia, y vuelvo a presentarles mis excusas."

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