Un rey ofrecía una gran cantidad de monedas de oro a cualquier persona que fuera capaz de hacer hablar a su caballo; quien aceptara recibir el dinero tenía un tiempo de plazo para lograr su cometido, si pasado ese tiempo el caballo no hablaba la persona era decapitada.
Pasaron los días y no aparecía ningún voluntario para la magnífica tarea que representaba un enriquecimiento rápido y a la vez un gran riesgo de muerte casi segura. Un buen día un paisano le dijo al rey que él haría hablar a su caballo. El trato se realizó, el señor se llevó su bolsa de monedas de oro y se fue con el caballo del rey con la promesa de que el animal aprendería a hablar en un plazo determinado, digamos dos años.
Los familiares del señor y amigos completamente alarmados le dijeron que había sido un verdadero tonto, que era lógico que el caballo jamás hablaría, que iba a morir decapitado, en fin, todos en contra de su decisión a lo que este señor respondió:
“No se alarmen, tengo todavía dos años y no sabemos qué pueda pasar en estos dos años, quizás yo muera antes del plazo, quizás muera el caballo, quizás muera el rey… y hasta a lo mejor, nunca se sabe, el caballo aprende a hablar.”
Hasta aquí la metáfora, ahora responde para ti estas preguntas:
¿Qué significado le encuentras?
¿Puedes hallar en la historia una respuesta a alguna pregunta existencial que te hayas hecho?
¿De qué manera puedes aplicar a tu vida la interpretación de esta metáfora?
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